La artista trabaja con tres motivos: la casa, que remite al mundo doméstico, pero también a las estructuras emocionales que (des)ordenan nuestra existencia; el reloj, que recuerda la brecha entre nuestra experiencia afectiva del tiempo y su contabilidad numérica; y la cortina, como frontera entre ocultar y mostrar, pero también como puerta a mundos imaginarios (como en el cine o el teatro). Su obra nos habla en ese sentido de vivir y de convivir, que son uno mismo aprendizaje que dura toda la vida.