La muestra fue concebida como una experiencia sensorial envolvente, articulada en torno a tres obras principales: un fotograma monumental de una palmera amazónica hecho por Roberto Huarcaya, una escultura en forma de canoa con rasgos animales hecha por Antonio Pareja y una composición para piano que evoca el sonido del universo compuesta por Mariano Zuzunaga. Todas estas piezas en conjunto crean un espacio-tiempo poético y meditativo, pensado para alterar los hábitos perceptivos del público y provocar una forma de estar más lenta, introspectiva y atenta.